No entiendo como el tiempo puede ser monótono. Con el mismo ritmo cardíaco. Al igual que mi corazón. Es aburrido. Luego todo se basa en la fidelidad. Ser fiel al tiempo, a sus horas y minutos, a sus latidos, a tu alma.
Me dicen entonces que sólo son emociones y paso de ser del viento, a ser tuya por las noches. Cuando la ciudad se apaga. Cuando todo calla. Cuando ellos duermen, pero yo no. Esperando que me aceptes en tus brazos, que me dejes escuchar tu corazón y entender tu mente.
Todos somos esclavos de algo. La mente nos controla y estamos condenados a pretender. A fingir que todo estará bien, que algún día todo va a cambiar. Vivimos de ilusiones que alimentan nuestras enfermedades mentales y por consecuente el cuerpo consumido.
Lo que tú no puedes entender, es que esta enfermedad es voluntaria, es una necesidad existencial, del alma. ¿Dónde está mi otra mitad? ¿Realmente es necesario cruzar tantos mares y océanos? No puedo conformarme con leerte. Quizás con dormir escuchándote.
Para eso me acuesto y empiezo a escuchar tu respirar. A kilómetros de distancia, a centímetros de mi ser. Allí dentro te guardo. Caminamos de día, corremos de tarde, dormimos de noche.
El amanecer es sólo límite de tiempo. Un factor indiferente. Noche o día, estás ahí. Siempre lo estuviste. En viejos amores, en tiempos antiguos, en días retoños, en futuras mañanas.
Así me seguirás acompañando, A cantarle a las estrellas y hablarle a las aves. Hasta que toda cadena sea rota, te tomaré de la mano. Tú guiarás y el destino decidirás. Mi insanidad será producto de mi libertad, pues “el hombre necesita de locura para romper la soga y ser libre” ¿Seré digna de tal enfermedad?
Sería un honor poder abrir los ojos al despertar y ver que son tus sueños los que puedo atrapar. Somos dos seres en uno. Una simbiosis que sin ti me quitaría la existencia. Volver a la cordura sería una irresponsabilidad.
Hoy voy a dormir sin tu presencia, pero sé que mañana amaneceré a tu lado. Con las sábanas cubriendo nuestra única piel. Sin tiempo, sin futuro, sólo un constante presente. Lo suficientemente infinito para hacerme creer que luego de tantos años, tantas noches solitarias y tantos días escondidos. La espera se ha vuelto real. Como este amor sin final. A tu lado el mañana será eterno.
Me dicen entonces que sólo son emociones y paso de ser del viento, a ser tuya por las noches. Cuando la ciudad se apaga. Cuando todo calla. Cuando ellos duermen, pero yo no. Esperando que me aceptes en tus brazos, que me dejes escuchar tu corazón y entender tu mente.
Todos somos esclavos de algo. La mente nos controla y estamos condenados a pretender. A fingir que todo estará bien, que algún día todo va a cambiar. Vivimos de ilusiones que alimentan nuestras enfermedades mentales y por consecuente el cuerpo consumido.
Lo que tú no puedes entender, es que esta enfermedad es voluntaria, es una necesidad existencial, del alma. ¿Dónde está mi otra mitad? ¿Realmente es necesario cruzar tantos mares y océanos? No puedo conformarme con leerte. Quizás con dormir escuchándote.
Para eso me acuesto y empiezo a escuchar tu respirar. A kilómetros de distancia, a centímetros de mi ser. Allí dentro te guardo. Caminamos de día, corremos de tarde, dormimos de noche.
El amanecer es sólo límite de tiempo. Un factor indiferente. Noche o día, estás ahí. Siempre lo estuviste. En viejos amores, en tiempos antiguos, en días retoños, en futuras mañanas.
Así me seguirás acompañando, A cantarle a las estrellas y hablarle a las aves. Hasta que toda cadena sea rota, te tomaré de la mano. Tú guiarás y el destino decidirás. Mi insanidad será producto de mi libertad, pues “el hombre necesita de locura para romper la soga y ser libre” ¿Seré digna de tal enfermedad?
Sería un honor poder abrir los ojos al despertar y ver que son tus sueños los que puedo atrapar. Somos dos seres en uno. Una simbiosis que sin ti me quitaría la existencia. Volver a la cordura sería una irresponsabilidad.
Hoy voy a dormir sin tu presencia, pero sé que mañana amaneceré a tu lado. Con las sábanas cubriendo nuestra única piel. Sin tiempo, sin futuro, sólo un constante presente. Lo suficientemente infinito para hacerme creer que luego de tantos años, tantas noches solitarias y tantos días escondidos. La espera se ha vuelto real. Como este amor sin final. A tu lado el mañana será eterno.
Prometeo

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